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Sputnik I
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Sputnik, el primero en el espacio.
La era espacial (y todo lo que la frase implica de nuevas esperanzas, nuevos temores, y nuevas fantasías para la humanidad), se inició formalmente el 4 de octubre de 1957. Ese día, en los aparatos de radio y televisión del mundo entero se escucharon unos minúsculos pitidos electrónicos que suscitaron por doquier una cierta perplejidad, temor, y gran número de irritadas llamadas a los talleres de reparación. El misterio no tardaría en revelarse; la Unión Soviética anunció que había puesto en órbita el primer satélite fabricado por el hombre. Se llamaba Sputnik y los pitidos no eran sino el mensaje cifrado de las observaciones que iba efectuando a medida que surcaba los cielos.
El Sputnik circundaba el globo cada 96.2 minutos y, debido a la rotación terrestre, sobrevolaba todos los continentes y casi todas las zonas habitadas. Ningún occidental, en aquella época de obsesionante guerra podía dejar de sentir que había perdido los cielos ante el enemigo. Un mes después se lanzaba el Sputnik 2, pesaba media tonelada y ponía en órbita a la primera criatura viviente, una perra llamada Laika, lo que indicaba el propósito ruso de enviar pronto un hombre al espacio. Poco tiempo después del lanzamiento del Sputnik 2 los estadounidenses trataron de situar en órbita un satélite Vanguard.
En cabo Cañaveral, tras un lanzamiento rodeado de inmensa publicidad, el cohete cayó lentamente al piso, haciéndose añicos con un estruendo infernal. Para la mayoría de los presentes aquel estruendo fue la señal decisiva de que la tecnología estadounidense había quedado en segundo lugar, rezagada de los soviéticos. El Sputnik 1 desapareció del firmamento hace ya mucho tiempo, consumido por la atmósfera terrestre al perder velocidad orbital y precipitarse hacia la tierra. Pero las ciencias que crearon el Sputnik han crecido y florecido. No sólo han cambiado la calidad material de nuestras vidas, sino también nos han brindado una nueva concepción de nuestro planeta, como pequeña isla en el cosmos, y un nuevo anhelo por descubrir.
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