Nuestro Sistema Solar se compone por cuerpos que orbitan alrededor del Sol desde hace ya 5.000 millones de años. En este libro se hace una separación entre Cuerpos primarios y Cuerpos remanentes; los primeros contienen los planetas, pues se formaron a consecuencia de los procesos de reciclaje en la materia primigenia en nuestro Sistema; la segunda catalogación abarca objetos cuyo origen está en la desintegración de protoplanetas, residuos de formación planetaria o colisiones que dispararon rocas al espacio exterior. Estos son los asteroides, cometas y meteoritos.
Se comienza por los asteroides. Sus orígenes tienen distintos antecedentes y varias denominaciones, según forma, tamaño o composición química. Suelen clasificarse familias de asteroides, numerosas y separadas según su distancia. Encontramos los Apolo (~1.000) que cruzan la órbita de la Tierra; Los Amor (~2.000) que cruzan la órbita marciana y no alcanzan la terrestre, etc. La familia de asteroides más grande es el Cinturón Principal entre Marte y Júpiter, un conglomerado de objetos rocosos con tamaños desde un grano de arena a varios kilómetros. Se han detectado unas 5.000 rocas y polvo en esta zona, posiblemente restos de un planeta destruido hace millardos de años por la gravedad del vecino gigante Júpiter.
Se continúa con los cometas. Son bolas de nieve sucia, mezcla de hielo y rocas de baja densidad. A medida que se acercan al Sol forman una cola de varios kilómetros de largo. La cola se forma al liberarse gas y polvo; el viento solar la empuja, siempre en sentido opuesto al Sol. Cuando se alejan del Sol, los cometas parecen simples asteroides, al no haber su influencia que active los gases y produzca la cola. La composición cometaria es interesante, pues en su interior se ha descubierto vapor de agua y material con Carbono, Oxígeno, Nitrógeno e Hidrógeno. Estos elementos, llamados Estructura CONH, son los elementos básicos para la formación de vida. El autor aquí destaca a la nube de Öort, el hogar de los cometas. Está en los límites del Sistema Solar y contiene millones de cometas nuevos, aglutinados como un enjambre.
Se prosigue a los meteoritos. Como es sabido, éstos objetos pueden venir de muchas partes, ya sea del Sistema Solar o externo a él. En todo caso siguen siendo objetos fuera de este mundo, implicando que les dediquemos nuestra atención y aprendamos de ellos. Cabe destacar que Meteoros son cuerpos que se queman al ingresar en nuestra atmósfera, pero Meteoritos son los que además logran llegar al suelo. Muchas rocas son ricas en minerales y compuestos químicos, incluso pueden traer pequeños microorganismos vivos, confirmándonos la posibilidad de vida fuera de la Tierra. Hay situaciones que son un gran evento en los/as aficionados/as, las famosas lluvias de meteoros, donde la astronomía amateur aprovecha sus telescopios y cámaras para captar esos resplandores de luz. Es vital saber la radiante (zona del cielo desde donde parece 'venir' la lluvia), designada con un apellido según la constelación de donde 'vengan' (Ej. si aparecen en Lira se llaman Líridas; si es en Leo, Leónidas, etc.).
El tema despierta curiosidad. Personalmente tuve la suerte de tocar una roca marciana y otra lunar, con una obvia alegría por poder tocar rocas que no son de este mundo, extraterrestres si se les quiere llamar. Estos objetos errantes nos dan la oportunidad de que algo que ha viajado miles de kilómetros en los suburbios del espacio, podamos tenerlo en nuestras manos y palpar en cierta forma, un pedazo del Universo. Formato de 17 x 24 cm, 128 páginas, impresión año 2000 y precio de referencia: $3.490 (Editorial Equipo Sirius).
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